ULTIMO AVISO AlL PLANETA TIERRA
57 visitas desde 27/08/2008 às 13h39. Usuario registrado desde 27/08/2008.
ULTIMO AVISO AlL PLANETA TIERRA Último Aviso al Planeta Tierra
¡Últimos mensajes! ¡Últimos llamados! ¡Últimas apelaciones! ¡El último mensaje de un padre que muere a sus hijos! ¡El último aviso para evacuar una ciudad en peligro! ¡El último llamado para saltar de un edificio en llamas hacia la red! Hay algo extrañamente fascinante, y soberano, acerca de las últimas palabras, algo que llama nuestra atención y pensamientos como nunca.
Al tratar con la raza humana, Dios no ha fallado nunca a la hora de avisar sobre juicios inminentes, y la promesa es que no lo fallará jamás. Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas (Amós 3:7). Él no obra con las vidas humanas de manera irresponsable. No juega cuando destinos eternos están en peligro. Nadie podrá jamás señalar a Dios con dedo acusador y decir que se equivocó al dar el aviso adecuado.
Considere, por ejemplo, los largos 120 años que los contemporáneos de Noé tuvieron para prepararse para el diluvio que les barrió de la existencia, ¡Qué momento tuvo que ser aquel en el que Noé hizo su último llamado para entrar al arca y ser salvos antes de que Dios cerrase la enorme puerta que ningún hombre pudo abrir hasta que el diluvio hizo su obra señalada.
Casi 600 años antes del nacimiento de Cristo, fue dada una profecía especial a Daniel para ayudar a Israel a prepararse para recibir a su Salvador. Claramente dijo que sus días como pueblo escogido de Dios estaban contados a menos que comenzasen a cumplir los propósitos de Dios para ellos.
Los días se convirtieron en años, y los años en décadas y las décadas en siglos, y el niño Jesús llegó, pero no sin aviso. No en oscuridad. La pérdida del habla de Zacarías y su subsecuente restauración al nacimiento de Juan el Bautista se divulgaron todas estas cosas en todas las montañas de Judea (Lucas 1:65). El pueblo de Dios sabía que su misión era preparar el camino para el Mesías.
Cuando su propio Hijo nació de una virgen y envuelto en pañales, Dios mandó el coro celestial a esta tierra para honrar el mayor de todos los eventos. A través de los pastores la palabra corrió como el fuego. No se les pudo hacer callar como no se puede parar el sol de dar su brillo, o el viento de soplar. Y como si esto no fuese suficiente, ¡imagínese los rumores y las habladurías que debieron circular a través de toda la tierra cuando los dignatarios de oriente aparecieron buscando el Rey de Israel!
La obra y ministerio de Jesús eran los últimos llamados de Dios a la nación judía. Por el tiempo de la semana de la crucifixión, el nombre de este gran Maestro y Sanador de Nazaret estaba en cada labio, Sus milagros y palabras eran el centro de cada conversación.
Hoy vivimos el clímax de la historia de esta tierra. El último mensaje que Dios manda a esta generación es solemne
¡Últimos mensajes! ¡Últimos llamados! ¡Últimas apelaciones! ¡El último mensaje de un padre que muere a sus hijos! ¡El último aviso para evacuar una ciudad en peligro! ¡El último llamado para saltar de un edificio en llamas hacia la red! Hay algo extrañamente fascinante, y soberano, acerca de las últimas palabras, algo que llama nuestra atención y pensamientos como nunca.
Al tratar con la raza humana, Dios no ha fallado nunca a la hora de avisar sobre juicios inminentes, y la promesa es que no lo fallará jamás. Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas (Amós 3:7). Él no obra con las vidas humanas de manera irresponsable. No juega cuando destinos eternos están en peligro. Nadie podrá jamás señalar a Dios con dedo acusador y decir que se equivocó al dar el aviso adecuado.
Considere, por ejemplo, los largos 120 años que los contemporáneos de Noé tuvieron para prepararse para el diluvio que les barrió de la existencia, ¡Qué momento tuvo que ser aquel en el que Noé hizo su último llamado para entrar al arca y ser salvos antes de que Dios cerrase la enorme puerta que ningún hombre pudo abrir hasta que el diluvio hizo su obra señalada.
Casi 600 años antes del nacimiento de Cristo, fue dada una profecía especial a Daniel para ayudar a Israel a prepararse para recibir a su Salvador. Claramente dijo que sus días como pueblo escogido de Dios estaban contados a menos que comenzasen a cumplir los propósitos de Dios para ellos.
Los días se convirtieron en años, y los años en décadas y las décadas en siglos, y el niño Jesús llegó, pero no sin aviso. No en oscuridad. La pérdida del habla de Zacarías y su subsecuente restauración al nacimiento de Juan el Bautista se divulgaron todas estas cosas en todas las montañas de Judea (Lucas 1:65). El pueblo de Dios sabía que su misión era preparar el camino para el Mesías.
Cuando su propio Hijo nació de una virgen y envuelto en pañales, Dios mandó el coro celestial a esta tierra para honrar el mayor de todos los eventos. A través de los pastores la palabra corrió como el fuego. No se les pudo hacer callar como no se puede parar el sol de dar su brillo, o el viento de soplar. Y como si esto no fuese suficiente, ¡imagínese los rumores y las habladurías que debieron circular a través de toda la tierra cuando los dignatarios de oriente aparecieron buscando el Rey de Israel!
La obra y ministerio de Jesús eran los últimos llamados de Dios a la nación judía. Por el tiempo de la semana de la crucifixión, el nombre de este gran Maestro y Sanador de Nazaret estaba en cada labio, Sus milagros y palabras eran el centro de cada conversación.
Hoy vivimos el clímax de la historia de esta tierra. El último mensaje que Dios manda a esta generación es solemne
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